Frases de Libros

-¿Estás lista?
-Estoy lista si tú lo estás.
Gideon y  Gwendolyn, Trilogía Rubí de Kerstin Gier


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—¿Qué fue lo que viste cuando moriste?— Tiene esa media sonrisa tentativa, casi como si estuviera avergonzado por lo que está diciendo—. Porque estoy suponiendo que no fue el Mar de la Tranquilidad.
Y cuando lo miro, no estoy tan segura de que no lo fuera.
—¿A dónde fuiste? —El tono de su voz cae ligeramente y pierde incluso el inicio de su sonrisa.
Me está mirando como si no estuviera seguro de que se le permita hacer la pregunta, y ni siquiera está seguro de querer saber la respuesta. Casi puedo ver las palabras de su abuelo y las dudas de Josh sobre ellas nadando en su cabeza. A cada lado de mí están las luces, herramientas, madera y las botas del chico que quiero ver
por siempre. Y si mi Mar de la Tranquilidad fuera real, sería este lugar, aquí, con él.
No digo nada de inmediato, porque solo quiero un minuto para mirar su rostro antes de entregarle mi último secreto.
Y entonces se lo digo.
—A tu garaje.

Josh y  Nastya/Emilia,  The Sea Of Tranquility (El Mar De La Tranquilidad) Katja Millay


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Beso su hoyuelo y sonrío. —Yo tampoco me preocupo por nosotros. Y para que conste, no creo en el felices para siempre.
Se ríe. —Bueno, porque realmente no obtendrás uno. Lo único que
obtendrás es a mí.
—Eso es todo lo que necesito —digo—. Bueno... Necesito la lámpara. Y el cenicero. Y el control remoto. Y el juego de paddle. Y a ti, Dean Holder. Pero eso es todo lo que necesito.

Dean y Sky, Hopeless 01 Collen Hoover

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“Tengo que irme de aquí con un alma, pero fácilmente puede ser tanto la tuya como la de él. Es tu decisión.”
Miré a Nash, estaba inmóvil, con su brazo flácido al lado del asiento. El ángel de la muerte tenía razón; Nash habría muerto sin importar lo que yo hiciera o le dijera. Pero no podía soportarlo, sabiendo que lo había ignorado por una chica, sabiendo que le había dicho que no tenía lugar en mi vida, para luego conducirlo al camino del auto que lo mataría.
No podría vivir mi vida, sabiendo el papel que había jugado para terminar la suya.
Mi próximo aliento fue largo y profundo—había decidido que sería uno de los últimos.
“Si, lo haré. Pero tengo una condición.”
Las cejas del niño volvieron a elevarse, esta vez con oscuro entretenimiento. “La muerte no hace promesas.”
“El no puede saber.” Me puse de pie, mirando fijamente a mi hermano. Que bien haría el darle mi vida, ¿si la pasaría sintiéndose culpable por mi muerte? Me volví hacia el ángel de la muerte.
“Lo haré, si juras que nunca sabrá que se suponía que fuera él quien debía morir.”
El niño sonrió lentamente, y su expresión satisfecha me erizó los vellos de los brazos pese a la cálida noche de junio. “Eso, puedo hacerlo.”

Tod y Nash, Soul Screamers   3.5 Reaper

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